Reflexiones sobre Competencias en al Formación Profesional

Escrito por Luis Alberto Werner Wildner, Prorrector ECAS.

1. INTRODUCCIÓN

No cabe ninguna duda que la ciencia de la educación está cambiando y lo está haciendo positivamente. Nuevos desarrollos conducen a los académicos a sacudirse el sopor tradicional que los ha llevado por muchos años a mantener una rutina pedagógica que los agobia y que traspasan a sus estudiantes. El caso de la enseñanza de la contabilidad es representativo: no hay cambios significativos en las metodologías de la mayoría de las universidades que enseñan la carrera en diversos países del mundo. Una variación importante consistiría en centrar los métodos de enseñanza-aprendizaje en la evaluación y en la reflexión, que destaquen los planteamientos éticos, tan importantes en el ejercicio profesional de esta carrera.

No podemos desconocer que hay grupos de académicos que están por el cambio metodológico; son excepciones, no hay duda de ello, y recordemos que una golondrina no hace verano. En los últimos años, algunos académicos de la carrera han descubierto un nuevo concepto para actualizar los planes de estudio: las competencias. Con el objeto de dinamizarlos, de cambiarlos, muchos profesores se han volcado hacia este concepto; algunos por el buen camino; otros, equivocados. Las competencias como concepto no van a resolver nuestros problemas: debemos partir por cambiar nosotros, por darnos cuenta de que los tiempos han variado, que hay nuevas técnicas de estudio y lo que es más, de enseñanza, que desconocemos. El cambio pasa por nosotros los académicos, no por los alumnos ni por el medio; ellos ya cambiaron, lo que significa que el tiempo corre en contra nuestra. Trabajemos el tema de las competencias, investiguemos sobre el particular, formemos equipos multidisciplinarios y, sobre esas bases, reestructuremos los currículos de estudios. Hacerlo antes sólo significa una aventura intelectual sin destino, condenada al fracaso.

El trabajo que se desarrolla a continuación pretende hacer un llamado de atención a los maestros que forman contadores, en el sentido de que no se pueden tomar las competencias operacionales como un modelo para desarrollar currículos de estudios para contadores. Hay que diferenciar a dichas competencias de las competencias académicas. Las primeras buscan aprender a hacer; las segundas, a saber ser, saber hacer, saber para qué y saber convivir. La competencia académica es integral, prepara para la competencia operacional, para la educación continua más allá de las aulas de pregrado.

Las ideas que se desarrollan a continuación consideran las definiciones de competencias, su caracterización, la relación que, a juicio del autor, existe o no existe, entre competencias y diseño curricular, y un enunciado de perfil profesional.

Finaliza el trabajo con algunas conclusiones que llevan implícita la esperanza de poder abrir un debate sobre el importante tema de la formación del contador.

2. LAS COMPETENCIAS

2.1 Generalidades

El concepto de competencia ha ido cobrando fuerza en los últimos años en el ámbito educacional y es común oír hablar de currículum por competencias, competencias laborales, inventario de competencias y otros conceptos relacionados. Como ocurre con términos de moda, éste ha sido enfocado por diversos autores, y el tema poco a poco ha ido difundiéndose en los distintos niveles educacionales. Es interesante, en consecuencia, detenerse a examinar las diversas definiciones del concepto.

Lo primero que corresponde es preguntarse ¿qué es competencia? Hay varias acepciones que van desde las relacionadas con el deporte, pasando por la política, en relación a la autoridad de alguna persona; por la judicatura, cuando se analiza la pertinencia de un juez sobre otro frente al manejo de un caso específico, hasta la idoneidad de un trabajador para desempeñar un puesto. También es importante señalar en relación con el concepto que una persona manifiesta sus aptitudes en los aspectos educativos cuando demuestra que es capaz de aprender algo.

Como se puede apreciar, el término es de significado muy amplio, por lo cual es importante recurrir a la etimología de la palabra: emana del latín “competere”, que significa “ir una cosa al encuentro de la otra”. De ahí provienen, en nuestro idioma, los verbos competir y competer. El primero significa “contender entre sí dos o más personas”[1]; el segundo, “pertenecer, incumbir a uno alguna cosa”[2].

Del verbo competir se origina el adjetivo competitivo y del verbo competer procede competente.

Por otro lado, del griego nació la acepción de competente como oportuno, adecuada. Persona a quien compete o incumbe alguna cosa: apto, idóneo, eficaz[3].

Tenemos, pues, que nuestro término competencia es un concepto polisémico, que induce a equivocaciones ya que puede, y de hecho ocurre, involucrar la idea de competitivo, de competente, de apto o todos esos significados.

Así, llegamos al tema que nos interesa: el de las competencias laborales que son la base para la capacitación profesional y para desarrollar un currículum adecuado, que satisfaga ampliamente los requerimientos del medio empresarial.

¿Cuál sería, entonces, la definición de competencia laboral? No es fácil fijar una definición adecuada del concepto. Existen muchas y muy conocidas; de todas ellas hay, a nuestro juicio, una muy interesante que conviene destacar. Es la presentada por Ducci, (1997) que dice: “la competencia laboral es la construcción social de aprendizajes significativos y útiles para el desempeño productivo de una situación real de trabajo que se obtiene, no sólo a través de la instrucción, sino también –y en gran medida- mediante el aprendizaje por experiencia en situaciones concretas de trabajo”[4]. Esta definición tiene la virtud de establecer claramente que las competencias se obtienen en forma mixta por medio de la instrucción académica y por el aprendizaje a través de la experiencia en el lugar de trabajo. Esto nos permite visualizar la complementación entre las competencias académicas y las operacionales comentadas anteriormente.

El concepto de competencia laboral está íntimamente relacionado con el cambio experimentado por la economía mundial como resultado de la globalización, lo que ha llevado a reformular los sistemas de formación y capacitación en la gran mayoría de los países del mundo en los cuales la economía basada en la oferta ha dado paso a una basada en la demanda. A esto se agrega que el mercado ha ido exigiendo a las empresas la adopción de sistemas de producción flexible, que requieren de organizaciones dúctiles y abiertas, estructuradas en equipos y redes de trabajo, dejando de lado la concepción aislada del puesto laboral. Indudablemente, en un modelo flexible de producción, un trabajador debe ser capaz de incorporar y aportar sus conocimientos al proceso de producción y de participar en el análisis y solución de los problemas que se presenten, con el objeto de aumentar la calidad y la productividad.

El proceso de globalización de la economía produjo un fenómeno histórico de cambio en la educación. Ésta se ha desarrollado tradicionalmente a la zaga de la ciencia, lo que se prueba con las investigaciones en el área, las que no se destacan ni por su oportunidad ni por sus innovaciones. Afortunadamente, este proceso de globalización ha logrado que la educación como ciencia comience a tomar el liderazgo en aspectos tan importantes como la formación dual de profesionales, la que lleva al estudiante al campo práctico donde contrasta sus conocimientos académicos con las operaciones en el lugar de trabajo. De ahí la importancia de las competencias laborales. Sin embargo, este cambio metodológico no tendrá éxito total mientras no participen de él los docentes, que deben ser los primeros en capacitarse y en hacer suyos los planteamientos de UNESCO en el sentido de formar para “saber hacer, saber ser, saber para qué y saber convivir”[5].

Las competencias deben asociarse con las estrategias destinadas a generar ventajas competitivas, productividad y gestión de recursos humanos. De esta manera, se beneficiarán enormemente no sólo las empresas, que verán incrementadas su productividad, su competitividad y la calidad de sus productos y servicios, sino también sus trabajadores que, seguramente, verán incrementados sus salarios y calidad de vida en el lugar de trabajo.

2.2. Caracterización de las competencias

Para caracterizar las competencias se consideran cuatro puntos de vista:

  1. Identificación de competencias: Consiste en un proceso destinado a establecer, partiendo de una actividad laboral, las competencias necesarias para desempeñar exitosamente dicha actividad. Esto implica identificar la competencia sobre la base del trabajo efectivamente realizado, por lo que precisa de la importante colaboración de los trabajadores en los análisis que deben realizarse para determinarla[6].
  2. Normalización de competencias: Luego de identificadas las competencias, es necesario describirlas cuidadosa y adecuadamente, con el objeto de establecer las relaciones entre trabajadores, empleadores y entidades educacionales. De esta manera, se busca determinar normas de competencias que sean aceptadas por los trabajadores y los empleadores y que puedan utilizarse válidamente en las instituciones formadoras.
  3. Formación estructurada a base de competencias: cumplidas las fases anteriores, la elaboración de currículos de formación para el trabajo se torna mucho más expedita. Esto implica que la formación orientada a las competencias que el medio necesita, será mucho más eficiente que aquella otra que no atiende a las necesidades del sector empresarial.
  4. Certificación de competencias: Consiste en el reconocimiento formal de las competencias demostradas por un trabajador para realizar una determinada actividad laboral, lo que no significa la entrega de un título universitario, sino de un certificado de aptitud para desempeñar una determinada tarea.

3. COMPETENCIAS Y DISEÑO CURRICULAR

3.1. Generalidades

No es fácil introducirse en el diseño curricular basado en competencias. Diseñar un currículo educativo hasta hace un tiempo no era una tarea compleja; bastaba con tener experiencia docente, conocimientos pedagógicos, tiempo disponible, conocimientos de la materia objeto del plan de estudios, medios adecuados y nada más. Seguramente en el campo de la Contabilidad y Auditoría hay muchos currículos estructurados por especialistas teóricos en diseño curricular, que están en pleno desarrollo. La pregunta es: ¿se están formando adecuadamente los alumnos que están destinados a liderar las empresas del futuro? A la luz de las reflexiones que hemos señalado en las páginas anteriores, indudablemente que no. Pasó la época de los gurúes en el área. Un currículo definido por una sola persona, por muy especialista que sea, carece de validez y confiabilidad. Hoy día las cosas deben hacerse de manera diferente. La disciplina de contabilidad y auditoría ha cambiado como consecuencia del fenómeno de la globalización; en consecuencia, ha cambiado el rol de los contadores en la medida que las empresas han ido adquiriendo nuevas tecnologías, y la administración ha avanzado por nuevos senderos que la han jerarquizado como disciplina científica. Hoy se habla de multidisciplinas, de equipos de trabajo integrados por diversos tipos de profesionales. Frente a esto, las universidades formadoras de contadores deben remozar sus cuadros docentes cambiando las métodos de enseñanza y, por qué no decirlo, replantear la profesión.

El desafío que implica para las organizaciones educativas del área aceptar las Normas Internacionales de Información Financiera implica una renovación total que involucra a profesores, a alumnos y a los métodos de enseñanza. No se trata de nuevas normas que se enseñan y aprenden como un reglamento más. Se trata de principios que requieren de conocimientos específicos, criterio profesional y, especialmente, de una visión proactiva de los agentes intervinientes en esta verdadera revolución profesional que enfrentamos. Esto lleva a que la estructuración de un currículum de estudios en el área nunca más podrá ser responsabilidad de una sola persona. Desde ahora deberá trabajarse en equipos multidisciplinarios integrados por académicos, empleadores, egresados de la carrera, profesionales de éxito del área o de otras, que retroalimenten el plan de estudios. No debemos descartar a los alumnos, que tienen mucho que decir en el momento de analizarse los cambios curriculares.

Es fundamental que los académicos se vinculen estrechamente con las empresas para que conozcan la realidad de lo que enseñan, y que la lleven a las aulas de las casas de estudio.

Por ello, es importante analizar el tema de las competencias y diferenciar situaciones. No es lo mismo capacitar sobre la base de competencias a un trabajador de una empresa que formar a un profesional sobre la misma base. En este punto es básico detenerse, reiterando que el concepto de competencia es discutido. Una cosa es la competencia mirada desde el ángulo académico y otra desde el práctico. La primera es aquella construida en torno a la idea del dominio de una disciplina por parte de los estudiantes y la segunda tiene relación con la concepción operacional de la competencia, que hace hincapié en el desempeño. Sobre el particular, vale la pena considerar el planteamiento de Barret (2001), quien efectúa una comparación entre ambos tipos de competencias:

DOS VERSIONES RIVALES DE COMPETENCIA

CONCEPTOS COMP. OPERAC. COMP. ACAD.
Epistemología Saber cómo Saber qué
Situaciones Definidas pragmáticamente Definidas intelectualmente
Foco Resultados Proposiciones
Transferibilidad Metaoperaciones Metagognición
Aprendizaje Experiencial Proposicional
Comunicación Estrategia Disciplinaria
Evaluación Económica De verdad
Orientación a valores Supervivencia económica De la disciplina
Condiciones de límites Normas organizativas Normas intelectuales
Crítica Mejor eficacia práctica Mejor comprensión cognitiva
   
   

La explicación de este cuadro es clara y precisa en el libro de Barnett, y vale la pena leerlo, por lo que estimamos dejarlo solamente enunciado.

De acuerdo con lo que se ha expuesto, es interesante buscar la manera de relacionar las normas de competencias con el diseño curricular. Es extremadamente difícil elaborar currículos de formación sobre la base de competencias, ya que no se trata de conocer algunas y entrar en un proceso de carácter lineal o automático. Previamente, es necesario definir los perfiles profesionales. Esto implica partir por efectuar concienzudos análisis de las ocupaciones, vale decir, desarrollar una revisión prospectiva ocupacional que llevará a determinar las áreas profesionales. Estas son grandes grupos de ocupaciones afines a un proceso o actividad productiva y que pueden tener contenidos similares. Luego se estará en condiciones de formular el perfil profesional. Este deberá comprender: definición de la ocupación, competencia general de ésta, unidades de competencia, elementos de la competencia, criterios de ejecución y capacidades profesionales.

Con base en el perfil profesional, deberán elaborarse los contenidos formativos, señalando los conocimientos teóricos y prácticos precisados para un adecuado desempeño competente de las unidades.

3.2. El perfil profesional

Ya hemos dicho que delinear un perfil profesional es algo sumamente complejo, especialmente en el caso de los contadores. Intentaremos una proposición considerando una adaptación de los cuatro conceptos básicos propuestos por Guédez ( 1983)[8] que, a nuestro juicio, permiten elaborar dicha proposición. Estos son:

  • focos del perfil
  • planteamiento
  • intención
  • actitudes de desviación.

Los focos del perfil apuntan a las condiciones y caracteres claros que permitan estructurar los rasgos deseables del profesional que se busca formar. Ellos consideran: eficiencia, racionalidad, espíritu crítico, creatividad y compromiso ético.

El planteamiento expresa concisamente lo esencial de los puntos focales. Ello implica poder realizar determinada actividad, conocer genéricamente las disciplinas propias del perfil a que se aspira, saber por qué se deben conocer las materias que involucra la disciplina, desarrollar los aspectos creativos y la manera de actuar éticamente.

La intención contiene y manifiesta explícitamente el propósito al que se aspira. Lleva a desarrollar capacidades prácticas, conocer la cultura general, desarrollar la autorresponsabilidad, promover el espíritu de búsqueda e imaginación y desarrollar sensibilidad social.

Las desviaciones implican los problemas que se presentan cuando uno de los puntos focales se radicaliza en detrimento de los restantes. Centrar el perfil en la eficiencia provoca actitudes pragmáticas. Hacerlo en la racionalidad lleva al dogmatismo. Posicionarse en el espíritu crítico implica destacar actitudes utópicas. Dar principal importancia a la creatividad conlleva a destacar sólo lo nuevo en detrimento de las tradiciones. Un perfil centrado en el compromiso ético mueve al individuo a actitudes ascéticas que lo aíslan de la comunidad.

A continuación se presenta un cuadro con los elementos indicados:

CONCEPTOS FUNDAMENTALES DEL PERFIL PROFESIONAL

CONCEPTOS

EFICIENCIA

RACIONALIDAD

ESPÍRITU CRÍTICO

CREATIVIDAD

COMPROMISO ÉTICO

PLANTEAMIENTO

Saber Hacer

Saber Genérico

Saber por qué

Saber a través de qué

Saber a dónde

INTENCIÓN

Capacidad para praxis

Cultura General

Vocación por la

autorresponsabilidad

Espíritu de búsqueda e imaginación

Sensibilidad social e histórica

ACTITUDES DE DESVIACIÓN

Pragmática

Dogmática

Utópica

Neofílica

Ascética

Fuente: Perfil profesional del contador[9]

Como se puede apreciar, el perfil profesional debe estructurarse en un perfecto equilibrio entre los focos para evitar las desviaciones enunciadas en el cuadro.

Una vez determinado lo anterior, creemos estar en condiciones de proponer un perfil profesional de carácter dinámico que permita incorporar el tema de las competencias en el currículo académico. Previamente es necesario, a nuestro juicio, definir algunas características del profesional que buscamos formar, específicamente un contador. Para ello hay que determinar:

3.3. Campo de acción

El contador puede desarrollar sus actividades directas en el ámbito microeconómico, en las empresas en que presta sus servicios, sean éstas privadas o públicas. Indirectamente lo hará en el macroeconómico, al proporcionar información conducente a elaborar las cuentas nacionales. En su trabajo debe estructurar, planificar y analizar la contabilidad y los costos; efectuar auditorías de estados financieros, auditorías internas, tributarias y labores de contraloría. Debe estar capacitado para dirigir unidades de control de gestión y de administración general. Puede, además, integrar equipos multidisciplinarios y preocuparse de la normativa de calidad. Estas actividades las puede desarrollar en el ámbito ejecutivo, como asesor, o bien en el ejercicio liberal de la profesión.

Como puede apreciarse, este campo de acción implica el conocimiento de materias relacionadas con diversas competencias que deben plantearse desde los ámbitos académico y operacional y deben ser parte integral del currículum que se determine para la carrera.

3.3.1.Requisitos que debe cumplir el contador

Básicamente y a nuestro juicio, el contador debe cumplir con requisitos de carácter personal y de formación profesional.

Los de carácter personal se refieren a:

De personalidad:

  • Seguridad en sí mismo
  • Capacidad para comunicar
  • Capacidad para crear
  • Sentido de la autoridad y la responsabilidad
  • Ecuanimidad
  • Amplitud de criterio
  • Liderazgo
  • Competitividad
  • Resolver conflictos
  • Convencer
  • Integrar
  • Analizar
  • Innovar
  • Criticar
  • Actuar independientemente
  • Trabajar en equipo
  • Tomar decisiones

De habilidades para:

Como se puede apreciar, de lo anterior también se desprende una serie de condiciones que es necesario incorporar en el diseño de un currículum que considere las competencias tanto académicas como operacionales.

De formación profesional:

Estos requisitos son los que le permitirán desempeñarse adecuadamente en el medio. Entre éstos:

  1. Conocimiento interno de la profesión, vale decir las competencias académicas que debe dominar y que están relacionadas con el área temática de la profesión respecto de su teoría.
  2. Conocimiento externo de la profesión; esto es, las competencias operacionales de las que debe salir dotado el profesional y que se refieren tanto a actividades del área temática como a otras relacionadas, de alguna manera, con la contabilidad y auditoría.
  3. Conocimientos culturales, o sea, los relacionados con filosofía, ética, dominio del lenguaje, historia y arte.
  4. Conocimiento del entorno, que tiene relación con el medio político, económico, social, ecológico y tecnológico.

Como puede apreciarse, el tema de las competencias académicas y operacionales es una constante permanente que cruza el perfil profesional en forma vertical y horizontal. Por ello, la estructuración de un currículum de estudios para el contador debe contemplar no sólo el ámbito académico, sino los otros agentes relacionados: la profesión, la empresa, el estado y los alumnos.

4. CONCLUSIONES

  • El continuo cambio, a causa de la globalización, está llevando a la ciencia educativa a variar sus metodologías de enseñanza aprendizaje movida, además por los cambios en el proceso de enseñanza-aprendizaje producto de los estudios y conclusiones a que ha llegado la psicología educacional y a la aplicación de nuevos conceptos ,que superan al conductismo. Claro ejemplo de ello lo encontramos en los trabajos de: ,Piaget, Gagne, Fuerstein y otros destacados estudiosos de mediados del siglo XX. Frente a esto, los académicos de la carrera de contabilidad tienen la obligación de renovarse conforme avanza el mundo.
  • Las competencias constituyen un concepto de enorme importancia, pero hay que distinguir entre las académicas y las operacionales antes de iniciar un proceso de estructuración de nuevos planes de estudio basados en estos conceptos.
  • La formación de los contadores va más allá de saber hacer; implica el aprender a ser, aprender a hacer, aprender a conocer y aprender a convivir.
  • La competencia académica prepara para la competencia laboral. La primera certifica mediante el otorgamiento de títulos profesionales; la segunda, por medio de la emisión de certificados de idoneidad o aptitud.
  • El diseño curricular debe considerar la participación de equipos multidisciplinarios, integrados por académicos, profesionales del área o de otras relacionadas, egresados de la carrera y estudiantes. En la actualidad no es posible que un especialista diseñe aisladamente un plan de estudios. Un currículum así determinado no tendría ni validez ni confiabilidad y está condenado al fracaso.
  • Antes de diseñar un plan de estudios, es necesario determinar el perfil profesional, el que debe estructurarse considerando los focos, su planteamiento, intención y actitudes de desviación para lograr un perfil en equilibrio.

[1] Diccionario Nuevo Espasa Ilustrado. Espasa Calpe S.A. España, 1999.
[2] Diccionario Nuevo Espasa Calpe, ya citado.
[3] Diccionario Espasa Calpe, ya mencionado.
[4] Ducci, M.A. El enfoque de competencia laboral en la perspectiva internacional. Formación basada en competencia laboral. Cinterfor, OIT. Montevideo, Uruguay, 1997.
[5] UNESCO, Informe Delors, “La Educación encierra un tesoro”.
[6] Existe un conjunto de metodologías para estos efectos como el análisis funcional, el método DACUM o sus similares derivados SCID y AMOD, que aparecen en la bibliografía sobre el tema.
[7] Barnett, R. Los límites de la competencia, Gedisa S.A. Barcelona, España, 2001 pag. 225.
[8] Guédez, V. La Formación integral. Revista Interamericana de Desarrollo Educativo Nº 91, 1983.
[9] Werner-Wildner, L.A. Hacia una integración de los estudios de contaduría pública ECAS, Santiago de Chile, 1995